
Hablar de Confitería Solla es hablar de una de las pastelerías con mayor tradición de Pontevedra. Desde su apertura en 1967, en la calle Michelena, el establecimiento ha acompañado a varias generaciones de pontevedreses con una repostería elaborada de forma artesanal y un compromiso constante con la calidad.
El negocio nació de la mano de Carmen Domínguez y Ernesto Solla y, décadas después, continúa manteniendo su esencia bajo la dirección de Mayka Solla, quien ha sabido conservar las recetas más emblemáticas de la casa e incorporar nuevos productos sin perder la identidad que siempre ha caracterizado a la confitería.
Su mostrador reúne una amplia selección de especialidades tradicionales. Entre ellas destacan las conocidas pastas de chocolate, las cocadas —recuperadas recientemente con gran aceptación entre los clientes—, además de melindres, jesuitas, merengues, religiosas, almendrados, holandesas o los clásicos keikes.foto
Entre todas sus elaboraciones sobresalen dos auténticos referentes de la casa: la tarta rusa y la tarta milhojas. Preparadas diariamente en el obrador, ambas se han convertido en los productos más representativos de Confitería Solla y en una de las opciones preferidas por quienes buscan un postre especial.
Una de sus ventajas es que, al estar elaboradas sin nata ni crema en su receta tradicional, pueden conservarse perfectamente a temperatura ambiente durante varias horas. La tarta rusa se prepara con almendra marcona y mantequilla dulce, mientras que el milhojas combina un delicado hojaldre con merengue. Para quienes lo prefieran, también existe una versión del milhojas con crema, disponible únicamente por encargo.
La confitería ofrece además un amplio catálogo de tartas personalizadas para celebraciones. Moka, almendra, San Marcos, nata con fresas, limón, tres chocolates o yema tostada son algunas de las variedades que se preparan bajo pedido para garantizar la máxima frescura.
Durante las fiestas de la Peregrina la demanda aumenta considerablemente, por lo que se recomienda realizar la reserva con antelación. No obstante, siempre que sea posible, también preparan tartas con poco tiempo de margen para quienes las necesiten a última hora.
La oferta se completa con una gran variedad de pasteles individuales, como petisús, cañas, pirámides de chocolate, pasteles de manzana o de cabello de ángel. Una de las señas de identidad del establecimiento es que muchos de ellos se rellenan en el momento de la venta, asegurando así una textura y un sabor óptimos.
Los amantes del salado también encuentran opciones en Confitería Solla. Sus empanadas tradicionales de lomo, bonito o bacalao con pasas conviven con los populares timbales de hojaldre, mientras que otras especialidades, como la empanada de jamón y queso en hojaldre, se elaboran exclusivamente por encargo.
Más allá de la calidad de sus productos, uno de los aspectos más valorados por su clientela es el trato cercano y familiar. Para muchos pontevedreses que viven fuera de la ciudad, volver a entrar en Confitería Solla supone reencontrarse con los sabores de toda la vida y con un establecimiento que forma parte de la historia de Pontevedra.
Tras casi seis décadas de trayectoria, Confitería Solla continúa demostrando que la tradición, el trabajo artesanal y la calidad siguen siendo la mejor receta para mantenerse como una de las pastelerías de referencia de la ciudad.

